martes, 29 de junio de 2010

Tanto dentro.

Ando sola por la orilla de la playa, y el sol sale. Como cada día, rutinariamente. Nunca lo dejará de hacer. Es de las pocas cosas que no cambian a lo largo de la vida de una persona. Y sinceramente, no entiendo como a alguien no le gusta andar solo. Yo autoexamino mi mente, e intento conocerme un poco más. Juzgo a aquellas personas que se cruzan a mi lado, por la calle. Por sus caras me puedo imaginar miles de cosas. Tantas prisas, tantas esperas, tantos desesperos.

Yo autoexamino mi mente, haciéndome un lío para todo. Puedo llegar a pensar en veinte mil cosas a la vez. Te recuerdo mucho ¿Sabes? Últimamente andas mucho por ahí arriba. Nada conocido. El agua está cristalina, y algunos peces rozan mis dedos. Entierro mis pies en la arena. Y se vuelve turbia. Y no paro de pensar. Y es que analizo hasta lo más insignificante. Porque cada pequeña cosa, me parece un mundo.
Y me tumbo en la arena. Disfruto con la tranquilidad en la que estoy. El viento juega con mi pelo, haciéndome cosquillas. Y no para. Y yo sonrío. Nunca había sentido tal sensación. Puedo tocar el mundo con mis pies. Lo siento, está justo abajo. Ahora yo soy la dominante. Yo arriba y tú abajo. Sencillamente sencillo. Desmesuradamente mágico. Desenfrenadamente excitante.
Hay veces en las que las palabras se quedan cortas y son los hechos los que marcan las pautas de mi vida. Voy mas allá de los límites de mi mente, sé que puedo llevar al extremo el éxtasis de mis sueños, apoderarme de mis actos y dar pie a...Días largos, noches eternas. Euforia, acercamientos, en un abrir y cerrar de ojos.

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