La ilusión del comienzo debería de alargarse una eternidad. Una eternidad, esa sonrisa. Sonrisa eterna, mientras muerdes tu labio inferior bajando la mirada. Qué preciosa sensación, que excitación tan desmesuradamente mágica.
El amor del que tanto he hablado y ni yo misma he sabido manejar. El amor al que tanto he admirado y al que sigo admirando cada día. Por los pequeños detalles que hacen que el mundo parezca un sitio mejor, aunque no sea cierto. Aunque yo no esté en la historia, sentarme y ver la película real de un amor cualquiera, como simple espectadora, me hace sonreír.
Poco a poco voy subiendo por los escalones de la vida, algún tropiezo que otro pero nunca toco el suelo. Vuelo, corro. Lloro, muy poco. Río, bastante. Conozco otras vidas, pruebo sabores diferentes y exóticos y juego con mi imaginación imaginándome ser parte de ellas. Noches en vela sonriendo ante el sueño despierto de un baño a media noche, o un amanecer congelado en una foto inundada por dos sonrisas.
Sin complejos, sin dudas, sin miedo; soy yo.
Y es que la vida es un regalo. Es un precioso regalo, nadie parece darse cuenta. Nadie parece darse cuenta de que hay a quienes le arrebataron algo tan simple y bello como es el vivir. Como es el crecer, como es el reír, como es el querer. Nadie parece darse cuenta del mundo tan sumamente egoísta en el que vivimos. Quizás pocas personas saben lo importante que es el afecto, los abrazos sinceros o un bonito y simple gesto que puede alegrarle el día a cualquiera
ME ENCANTA TU CABECERA *0*
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