miércoles, 1 de diciembre de 2010

Navidad

Ahora, que me despierto sin necesidad de que suene el despertador. Ahora que llueve sin necesidad de paraguas. Ahora que nos vemos por primera vez, y tengo un lienzo como espalda, para escribir lo que siento. Ahora que viniste a verme después de cinco años en otras tierras, si tú quieres, si llegas a tocar mi alma, puedes sentarte a contemplar cómo me descubro a mí misma, y te aseguro que es algo mágico. Si tú quieres andaremos sobre la luna, mientras cumplimos todos nuestros nuevos deseos, mientras las estrellas nos contemplan consternadas. Y en esta noche de novilunio, te diré que no estoy sola, que papá y mamá hicieron las paces, que el amor sigue pintando igual de bonito que cuando lo dejamos, y que tengo amigas increíbles. Que te sigo echando de menos y que aún sigo añorando tu perdida. Los días se hacen duros en esta época, las noches a veces no gritan de pasión cuando el sol se esconde, pero sigo adelante. Espero que seas feliz ahí arriba, amor. En casa todos te echamos de menos. Aun siento cuando me ayudas cuando estoy mal, aun mis labios tienen sabor a los tuyos, aun sigo riendo cuando por estas fechas íbamos a patinar, y tu siempre te caías, o cuando la cena de Nochebuena se te quemaba y acabábamos llamando a telepizza. Sí, fueron los mejores años de mi vida, de los cuales no me arrepiento de ninguno vivido, los que me enseñaron todo lo que sé hoy, y los que me ayudan a seguir adelante. Todavía hoy, cuando me despierto por las mañanas extiendo mi brazo hacia el lado izquierdo de la cama, esperando poder encontrarte a mi lado y que me sonrías con cara de dormido, mientras te digo con besos, todo lo que me gusto aquella noche.
Cariño, gracias por venir a verme, te he echado tantísimo de menos. Mi vida, gracias por hacerme sentir especial esta noche, Cielo..., ahora tendrás que volver a él.

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