Atada a unas cuerdas que empiezan a llenarse de sangre, aferrarme a una mano que ya no existe, volver a caer en la misma mierda de siempre, y al anochecer derrumbarme ante el techo de mi imaginación, ante la absurda idea de preguntarme ¿Por qué?
Mi droga es el amor, y yo estaba desintoxicándome, estaba empezando a comprender por qué no podía ser, más bien estaba auto-convenciéndome de que no podías ser tú. Y de repente, vuelves a aparecer para poner mi mundo patas arriba. Qué locura... Nadie puede imaginar por un instante, la manera en que un día me tembló la voz, nadie puede llegar a experimentar este grado de rabia, de impotencia, de decepción ante mí misma, como el que siento yo en este momento. Y es tan frustrante darse cuenta de la realidad, es tan frustrante que aparezcan las respuestas que un día necesité y no estuvieron, y de repente, ¡zas!, regresan cuando me encuentro justo en el medio de una fina cuerda sobre el mas precipitado vacio.
¿Miedo?
Miedo.
No sé cómo encajar esto, no sé qué hacer. Jamás me he encontrado tan perdida como me encuentro esta noche...
¿Sabes? Un día me preguntaste porque había cambiado tanto, porque ya no era la misma, porque me había vuelto como todas las demás. Y te respondí que tenías razón, y me pregunté a mi misma porque lo había hecho. Porque deje de renunciar a mis principiosm, a mis ideas. Pues bien, he encontrado la respuesta.
Creo que tan solo una vez fui de esa clase de personas que se aferran a algo o alguien como salvavidas, creo que tan solo una vez en mi vida (aunque algunas veces haya dicho lo contrario) he apostado todo lo que tenia. Y lo hice porque jamás había estado tan convencida y segura de algo y de alguien como lo había estado yo contigo.
A lo largo de estos meses he creado una relación muy fuerte conmigo misma, he creado unos vínculos especiales con mi alma. He aprendido que significa madurar (no quiere decir que aun lo haya experimentado en su totalidad), estoy aprendiendo a dominar mis sentimientos, a olvidarme de lo que un día nos unió, el porqué fuiste tú y no otro cualquiera. Estoy creando mi filosofía de vida, una nueva relación entre mi mente y mi (co)razón. Si cambiar los errores que cometí en el pasado significa madurar, si, estoy madurando. Si he cambiado tantas cosas creo que es por eso, porque alguna vez fui de esa clase de personas que lloraban regularmente una vez a la semana, que se vestía para los demás y no para sí misma, que conseguía sacar una sonrisa a personas tristes, sin conseguir si quiera una para ella misma. Y si, es cierto que sigo dependiendo mucho de la atención que la gente presta en mi, que necesito del cariño de alguien para poder mantenerme firme y no caer, pero estoy convenciéndome de que hay caminos que se recorren sola, que la paciencia es nuestro mejor amigo y que..., que hemos venido para ser felices, para vivir, para disfrutar, y lo gracioso es que de esa cosa tan simple me he dado cuenta hace tan solo unos meses. Yo antes vivía esperando acontecimientos que se quedaban a la altura de mis rodillas, esperando a personas que no estaban a la altura de mi amor... Y no, yo no quiero volver a ser la de antes, tampoco en este monstruo superficial en el que me estaba convirtiendo... quiero ser, SIMPLEMENTE, lo que el alma me pida en cada momento y sencilla, tal vez, como la vida misma...
No hay comentarios:
Publicar un comentario