Una vez eché de menos... Eché de menos fundirme en esa piel pura y tersa, eché de menos recorrer cada poro de su alma, cada lunar de su espalda, cada trocito de su vida que no fue descubierta. Eché de menos tocar suavemente sus labios con mis dedos , sin llegar a besarlos, simplemente, sentir esa sensación, como si estuvieran a punto de prender la mecha de fuegos artificiales, y al llegar a lo más profundo de él, explotar.
Aquella noche eché de menos, y lloré. Y no fue un llanto normal, no. Lloré de rabia, de impotencia al no tenerle. Y lloré también, por cada beso que anhelaba, por todas esas sonrisas que fueron robadas, por cada caricia en los más hondo de mi piel, por cada mariposa que fue escapando de mi estomago aquel verano del 72, por cada experiencia vivida, por las subidas al mirador en plena madrugada, por esas largas conversaciones acerca del futuro, de viajes, de vida, por todas esas noches que nos quedamos sin aliento.., y cada beso en el lado oeste de mi mundo.
Pero también lloré para darles las gracias, por la felicidad tan plena que llegué a alcanzar algunos días de mi vida, por esos te quiero que acallaban cualquier duda que albergara nuestra mente. Sigo brindando a tu salud, nunca dejaré de hacerlo. Y por dar las gracias, solo me cabe regalar palabras. Ellas son una parte fundamental de mi vida, son las que haces que conozcas a mi yo más profundo, son aquellas que me escuchan cuando nadie más quiere hacerlo. Son lo más valioso con lo que puedo obsequiaros, y lo hago, porque no quiero que quede nada por decir, ninguna duda. Esta soy yo, estas son mis palabras, son mi sensación, son las única con la que puedo pedir perdón, con las que puedo perdonar, y te las regalo por lo que siempre fuiste, eres y serás para mí.
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