Si me preguntas si me gusta tu compañía, la respuesta es sí. Sin embargo, si quieres saber si puedo vivir sin ti, la respuesta también es si.
Clara, sencilla, directa. Ya no reina en mí esa necesidad de necesitarte, por una vez soy conformista con el momento. Adoro tus besos, me gusta gustarte, sigo feliz aquí, en mi habitación de color rosa, en mis cuatro paredes que hoy me arropan, porque saben que hace demasiado frio ahí fuera. Me encuentro en el punto exacto en el que he sabido compensar mi felicidad con los malos momentos, y sobre todo he sabido valorar lo que tenía cuando lo tenía. Siempre he pensado que la ambición es buena, el ser ambicioso en sí, pero también soy de las que se preguntan cuál es el límite hasta el inconformismo.
Quizás sea la navidad que se aproxima ante nosotros, o la ansiada madurez que empieza a brotar en las raíces de mi alma, unas manos inesperadas que vinieron a darme un abrazo o tal vez, tan solo fueron unas palabras de ánimo, de alguien que en su día fue especial para mí. Mucho en lo que pensar y poco de lo que preocuparse. Aún así, sigo esperando a esa persona que venga para quedarse, aunque su llegada ya no me impacienta. Cuando tenga que venir, vendrá, y yo lo sabré y... él también.
Agradezco la fuerza que me alcanzó en los momentos más duros, me siento orgullosa de mi misma. No me rindo ante las adversidades, y aunque todavía es demasiado pronto para cantar victoria, puedo decir que quizás este sea el equilibrio que necesitaba...
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