domingo, 11 de abril de 2010


Insomnio. 4 a.m. No consigue dormirse. La cabeza no para de darle vuelta. O... es ella más bien las que se las da. Está agobiada. Intenta llevar todo a la perfección, cosa casi imposible. Y se ralla. Y no duerme. Y mañana instituto. Está bien, mañana toca descansar un poquito y no ir. Ella también merece un descanso. Se ha llevado nueve horas encerrada en su cuarto. Ocho de ellas estudiando y seis llorando. Sí, sí llorando. Es uno de sus secretos mejor guardados, cuando estudia matemáticas. El llanto y la impotencia de no saber resolver esas estúpidas cuentas que no sirven para absolutamente nada la llevan a un nivel tan elevado de rabia que consigue hacer milagrosamente los ejercicios. Muchas veces le pasa. Muy a menudo. Ella llora porque lo necesita. Sin más. No se plantea algunas veces ni el hecho de porqué lo está haciendo. Llora y punto. Se sienta en el borde de la bañera, y sin saber porqué empiezan las lágrimas. Sólo tiene ganas de llorar y no sabe porqué. ¿Nunca te ha pasado? En principio no tiene motivo alguno para hacerlo, pero a medida que los segundos pasan, si los encuentra. Y no uno ni dos, si no miles y miles. Y se atormenta. Y llora desaforadamente sin poder controlarlo. ¿Llora por tristeza? No se... ¿Llora por impotencia? Tal vez... ó... ¿Llora por que le extraña?... y la pregunta se deja caer en su mente...Pero, ¿A quién quiere engañar? ¡Joder! Llora por inseguridad. A veces ella duda de sus capacidades. Llora por verse atrapada en vicios inconfesables, por verse atrapada. Cuantísimas veces ha intentado pasar página, dejar todo surgir, olvidarse de él y limpiar esos malos recuerdos, sin conseguir objetivo alguno. Y entonces, surge el miedo en ella. Tiene miedo. Mucho miedo. Miedo a volver a su pasado y que éste con rabia se le eche en cara. Se acuerda de él. Y desearía en ese momento odiarlo con todas sus ganas. No sabes las muchas veces que lo ha deseado. Odiarle, tenerle asco. Desear que no existiese. Y ya ni siquiera recuerda en el primer instante en que él se instaló en su mente, empezó a deambular por ella y a dar guerra sin parar. Desearía rebobinar ese momento y haber hecho las cosas bien. Cuántas veces habría deseado tener una máquina del tiempo, dar marcha atrás, hacer las cosas bien, corregir esos errores que marcarían el camino de su vida, el camino de su felicidad. Quizás un día se equivocase de túnel y hubiese escogido el equivocado. Pero, piensa. ¿Y si el camino escogido no tiene salida? ¿Y si el túnel es oscuro y está lleno de malos momentos? O... ¿Y si el túnel, aunque ha simple vista, pareciese difícil de cruzar, estuviese la meta? ¿Y si allí encontrara la meta de su vida?


Y... ¿si esa meta llevase a la felicidad eterna?


Pd: Espero encontrarte en mi camino; espero que cruzemos esa meta juntos.

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