A la frontera entre la locura y la lucided, al límite del deber que se corrompe porque la Luna lo quiere así. Y no hay más. No hay porqués, no hay peros, no hay esperas. Es así, o lo tomas o lo dejas. Sin repercusiones, sin consecuencias, sin un mañana.
Porque mañana me pasaré el día durmiendo... soñando tal vez lo que la Luna dejó apuntado sin que nos diéramos cuenta.
Y aquí estamos. Presenciando un vacío que se mezcla con el impaciente olor veraniego. Escucho canciones alegres. Pues el día se lo merece. Y seguímos aquí. Tu enfrente mía. Mirándome fijamente. Con ojos deseosos de comerme. La sangre corre abrasadoramente por mis venas. Mis ganas tampoco son invisibles. Te deseo. Sedúceme, y te seduciré. Alguna frase ingeniosa quizás. No pienses en ello, nunca. No pienses en mí, no lo hagas nunca.
Olvida el destino. Olvida el futuro. Olvídate de mí. No pediré explicaciones mañana. Vivir. Gozar. Contigo y hoy. Mézclate entre mis sábanas. Abre la ventana. Bésame. Un poco más.
Esta es mi historia, pero poco importa. Hoy la vida me mandó señales. Esta es mi historia, personas en el papel de estrellas fugaces. Quiéreme hoy, pues sé que no habrá un mañana. Nadie sabe tu nombre, nadie sabe el mío. Todos ansiosos lo desean conocer. Llévame hacia lo inhóspito. Avistemos el límite de lo prohibido. Dejemos atrás a terceras personas, líos y problemas que entorpecen nuestro camino. Tráete tu mejor sonrisa y el gusto más exquisito. Pues hoy, amor, disfrutarás de lo que es la libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario