miércoles, 19 de enero de 2011

Carta a mi consciencia.

Sonrío, porque sé que estas ahí. Siento cuando me miras, cuando lloro presiento tu alma en mi corazón. Siento la mirada fría, de alguien que ya no pertenece a este mundo, pero que me ayuda y me hace grande. Traspasa la ventana por la que me miras y siéntate enfrente del silencio cruzando las piernas. He de decirte algo: Gracias a ti, hoy soy como soy. Tú me fundiste en tus manos, para darme calor, para que me sienta viva, me regalaste un poco de amor, para purificar mi alma, me diste un beso. Te diré lo que pienso de ti. Para mí, eres como mi consejera, mi segunda sombra y mi tercera dimensión. Eres aquella que acompaña los momentos tristes con preciosas melodías sacada de las hojas de los árboles. Eres como el guerrero que da la vida por su camarada y el corazón que nunca dejará de latir. Tú nunca fallas, tu siempre aciertas, me corriges mis fallos, me propones mis metas, me animas a que cumpla mis sueños, e insiste en que lo lograré. Por otra parte, cuando estoy despistada, me bajas los pies a la tierra, y me riñe si hace falta. Eres la que me contradice, la que me inspira para poder desarrollarme como me persona, la que hace que no pierda la fe, aquella que alimenta mi religión y la que hace que entienda como un funciona un poco más este enloquecido mundo. Gracias a ti, soy como soy. Gracias por estar ahí en el largo camino de mis dieciséis años. Siempre recordaré la primera frase que me dijiste cuando empecé ha hacerme mayor: Haz lo que ames. Sé libre. Búscate hasta encontrarte. Piérdete si lo necesitas.Y quiérete... Si, será para toda la vida.

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