Una canción bastante triste, una habitación demasiado oscura para quien no ama la soledad, una ventana que no refleja ni el azul del cielo, una niña claustrofóbica encerrada en una galaxia.
Hay días en los que no soporto a nadie, hay mañanas en las que odio que me hablen y otras en las que no quisiera levantarme de la cama. Qué difícil es hablar, que complicado expresarse y desahogarse. Hay días en los que me hundo en unas sencillas lágrimas que no paran de caer, en dos piernas encerradas en el abrazo a uno mismo. Hay días, como hoy, que el tiempo pasa lento, y el silencio gobierna mis segundos. Que miedo al miedo, que complicado es lo difícil, pánico enloquecido una soledad no muy lejana. Qué difícil es no tenerte entre las yemas de mis dedos, que amargura pensar que el pasado caprichoso hace mella en mí en esta noche.
Un, dos, tres y parar por un momento el tiempo, dar marcha atrás a los relojes de la vida, y respirar siendo libres de nuevo. Esta noche las estrellas brillan en el cielo, pero hoy no me siento una de ellas.
martes, 4 de enero de 2011
Sentir el deseo del tacto de otra piel.
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