miércoles, 31 de marzo de 2010

Lo reconoce, es peor que la droga.
En noches como éstas... Cuando su corazón siente por algo perdido.
Y mira su foto junto a él. Sueña con que roza sus labios con los suyos. Todavía puede saborearlos. Suaves, dulces, serenos, fuertes, pasionales, tiernos, agridulces con sabor a miel. Siempre había uno especial para cada momento. Recuerdos. Ya sólo se quedan en eso. Sin quererlo, se escapa una lágrima fugazmente. Y mira por la ventana. Entona una bonita sonrisa de esperanza. Esperanza. Que poca le queda. Por minutos se agota como un reloj de arena. Su cuerpo tiembla tan sólo al recordarle. Vuelve a mirar por la ventana. La luna y las estrellas la observan atentamente. Sus escalofríos son tantos, que no puede seguir escribiendo. Respira profundamente.
Él, él, él. Dulce, sereno, tranquilo, sincero. Él, ¿quién es él? Nadie lo conoce, nadie sabe su nombre, dónde vive... Pero todos quieren saber de quién se trata, y ella sonríe. Y su sonrisa deja escapar todas las dudas que se plantea la vida sobre ella.
¡Dios!Y es que se pierde en el olor que trae las ganas de abrazarle, aunque no lo huela.

Y se hace mil y una preguntas...
¿A qué olerá la felicidad?

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