Ella, con escalofríos por todo el cuerpo, intenta escribir lo que siente. Lo necesita más que nunca, pero no puede. Y no sabe porqué. Y le jode, le jode muchísimo, porque hoy está sintiendo una sensación nueva, creo que es un síntoma de madurez, por fin está viendo las cosas claras, parece que hoy, el pañuelo con el que tapó su mente, le deja traspasar sentimientos, ideas nuevas. Por fin ve un rallito de luz al final del túnel. No se siente mal, tampoco es que se sienta del todo bien, pero siente que ha ayudado a alguien, alguien que lo necesitaba. Y lo ha hecho de una manera muy sensata. Hoy reflexiona; como en la mayoría de los momentos en las que experimenta sentimientos nuevos hacia algo o alguien. Y piensa, y deduce cosas, que no son pocas, y se siente distinta.
Siempre ha pensado mucho en sus fallos, en su manera tonta de comerse la cabeza por algunos problemas, que cualquiera que los escuche pensarán que son de niña tonta. Y se da cuenta que nadie nace sabiendo. Que las personas nacen, crecen y mueren alimentando su mente; sus ideas, pensamientos, día a día. Que todos tenemos nuestra montaña rusa, a veces sentimos haber tocado el cielo con nuestras manos, tener el control de todo o pensar en que ya no existen caídas, en cambio otras veces sentimos haber traspasado el inframundo, tocar fondo, no poder salir del bache en el que entraste. Y al cabo del tiempo, piensas y te das cuenta que todo eso se fue que pasó y se consiguió. Claro, sí, ¿pero cómo? Se pregunta ella. Con afán de superación, siendo fuerte, sacando de dentro todas esas cosas buenas que tienes, que te aseguro que no son pocas, y no sé… aprovechando las cosas buenas que te da la vida. Luchar, luchar, luchar… Caerse y levantarse, volver a caer y volver a levantarse, con la mirada hacía adelante. Ella, chica de notas medias, que no sobresale por su belleza ni inteligencia, que es adicta a la mostaza, se lo repite cada día más. Ella que le busca un defecto y una virtud a alguien, cosa que hace irremediablemente, ella, extrovertida y graciosa, insegura, estúpida e insoportable por momentos, se da cuenta de las imperfecciones de la vida. Ella que no quiere mas inestabilidad en su vida, tan solo quiere improvisación e ilusión.
Ver el vaso medio lleno, no es fácil. Cada día se aprende una nueva lección. Algunas son impactantes. Otras pasajeras. Pero hay algunas que se clavan en su mente, como esa que dice “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.
Y por fin después de haberse hecho una bola tremenda, llega a una conclusión. La vida: Imperfecta como la que más. Con sus baches y sus caídas, pero con sus alzadas y subidas a las nubes. Le encanta. Cierra los ojos, se arropa con su manta roja. Se deja llevar. Mira por la ventana. ¡Oh dulce olor primaveral!.
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